Sogas


Hay manchas oscuras que ya no salen
palabras sin olvido que sangran la sangre, que tiñen de rojo los ratos
los recuerdos buenos.
No te puedo perdonar.
No has cogido ninguna de las cuerdas que te lancé al pozo.
Ya no quedan árboles donde atar el otro extremo.
Y la última me la he anudado a mí.

Los pasos nos cuestan a todos.
Y tú llevas años caminando círculos, uno tras otro y cada vez más pequeños.
Tiraré. Hasta que se rompa la soga.
Pero yo, no me voy a romper.
No voy a partirme para darte lo que no valoras, enfrentarme a lo inmutable.
Ni mis ganas, que son mías, para que las tires, al suelo.
No, mírame, yo sí quiero ser feliz.


Lo adverso


Ante lo adverso.
No permites soledades lúgubres. Mi caída, cuando dejo de ser fuerte.
Tu voz y tus manos, sustento, cuando ya no hay aire
que respirar y el bucle vuelve.

Pero salgo, me has sacado. He creado una puerta de la que tengo llave.
La llevo al cuello
para entrar a deshacer los nudos y salir, si el monstruo llega.


OíRte


Me pareció oírte silbar, hacia dentro y te encontré callado, me encontré callada
silencio denso que envuelve y abraza, que no está solo ni sola,
que es tacto aún lejos y ojos compartidos.
Me pareció oírte silbar, dentro, y me escuché a mi misma.
Hablar, en el mismo tono. Y las palabras yéndose, por la boca
porque sobran, en cada beso, se cuelan entre las pestañas, cuando te miro
cerca, y tú me ves tormenta sin luz a oscuras.
Y tú me ves
sin tenerme delante, a tu lado, en tus brazos porque ahí me quedé, me quedé,
te quedaste conmigo. En tus ojos vivo, viva
como nunca antes.



Del día raro.


Después de todo
del día, raro y oscuro, como la noche
en la que te duermes y despiertas, a deshora, sin saber dónde.
Sin saber qué
puede pasar.

Abstraigo lo que queda de ti
en tu mirada, perdida, ausente.
Te miro, para que me mires
y en tus ojos niebla
en la que no te encuentro.
Y tú no encuentras, más
que nada.

Los huesos marcados en la cara.
Y el habla
sometido
tarda en llegar repuesta a tu boca.

No eras tú. El de hoy no eras tú.
Tú te habías ido. Y aquel
no era más que tu sombra.


Nido propio


No puedo dejar que quemes tus alas
como si fueran leña. Para calentarnos.
Prefiero el frío
que en tus brazos no existe.

No puedo verte, lejos, con los ojos húmedos
mis ojos húmedos, los tuyos
hablando cómplices del mismo idioma
de uno nuestro que nadie más entiende.

Dicen nos vamos. Y donde sea.
Donde podamos ser, tú y yo quienes somos.
Donde arda leña, nido propio y podamos volar.


El suelo tú y yo.


Te llevo escrito en la piel
como un mapa
de memoria, como las estrellas
que siempre estuvieron ahí
como las que divisan el camino.

Guardo la tormenta, los rayos que vimos a lo lejos
los truenos que llegaban tarde.
Nos guardo a ti y a mí en el tejado, entre las nubes.
El sonido de la lluvia cayendo desde dentro
y sin luz, nos vimos igual. Nos vemos
igual cada mañana, tus ojos mi despertar.

El suelo tú y yo.
Una hoguera y nuestras manos
llenas, en el tacto del otro, desnudas.
Crepitar son nuestros besos, calor
tus caricias mi hogar.


Hoy.


Hoy hace siete días
un trozo de mí
se marchó de aquí en tus ojos.
Hoy hace siete días.
Me encontraste, Amor.
Después de sombras
de manos cerradas y puertas de golpe.
Llegaste. Y ni te imaginaba.

Me pierdo en ti, en el lenguaje
de tu mirada, de tus dedos
donde las palabras no llegan
a vernos despertar
al mismo tiempo.

Siete días y sólo quiero, volver a ti.


Besos mudos.


Besos mudos que hablan te quieros, que saben, que entienden y acuden.
Puedo verte la cara, los gestos, la mirada y el alma. Dentro te llevo
marcado en la frente, como tu tacto, donde yo esté.

Reflejarse es verse. Verte, verme.


Como quedó sigue todo.
Ámbar, es la luz con la que te miro.
Con la que nos vemos.
Tú, mi reflejo.





...Presentir...


Como gatos que saben dónde pisar.
Nuestro suelo es cualquier lugar.



Ser y contigo.


Digo nuestra boca
que dice lo mismo.
Que no son palabras
si no aliento y besos.
Digo nuestra boca
porque es Amor y es una
que habla por el otro.
Digo Amor, y las cosas que te digo
y las que me dices...
Digo, que nadie sabe lo que nos decimos
cuando nos miramos el silencio, el desnudo, en los ojos.
Vulnerables, sinceros.
Digo nadie, pero nosotros sí.
Nosotros sí.
Sí, digo sí desde que sé que existes
-si me concentro, puedo verte puedo olerte, la piel- sentirte.

Todavía me pregunto
me sorprende el momento que descubro
ese algo en ti -como girasoles, margaritas-.
-Charcos de agua negra en lo que quedó después-.
Mi reflejo.
La vida es sencilla. No es poco o mucho
si no con quien.
                            Ser -y contigo, sé que puedo-.



Calcos en el núcleo.


"Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan"
-A. Pizarnik.


Alguien quería entrar y no sabía quien eras.
Sombras que sugerían
saber caminar entre ellas.
Un Amor vivo y uno muerto.
En tus ojos, la niña que fui.
En tus manos inquietas mi alegría.

Despertaré y estarás
real como un beso
como reencontrarme en ti
como una certeza.
Hilos en tu abrazo
sutura en el alma.

No hay triste aquí
no hay tristes.
Ni silencio oscuro ni duda.

Sólo vida en nuestra boca.