El Todo


Las palabras tardan en curarse
ecos de lo que ya pasó y avisperos en las entrañas.
Platos rotos, de alma, de cristal.
Ventanas que retumban al viento y un sol que ha dejado de calentar.


Mi sangre duerme
oírla respirar es lo único
que me preocupa y calma.
Ni la noche ni el día importan, ni el tiempo ni el clima.
Ya no hay Nada. El Todo son sus ojos.
Esa forma que tienen al hablar
al decir te necesito
al decirme Mamá.


Y un nada


Miseria es querer y no poder
es invierno y futuro truncado
es un no tras otro y puertas cerradas.
Un no me importa en los ojos de la gente.
Desesperación anticipada.
Las orejas del lobo y nanas de cebolla.
Un lo siento que es mentira
y un nada cambia.


Bucles en las ojeras
que ni duermen ni despiertan
el mismo día, la misma noche.
Ya no soy yo, ya no soy sólo yo, ni tú.
No es hoy, ni mañana.
Pero se acerca y sólo veo oscuro
manos vacías para cobijarte.
Nadie tiene la culpa.
Y yo me muero antes de que a ti, amor
te falte.



Quieta


La tristeza llega sin avisar
y se instala, en una mueca
en una mirada que de tan lejos se pierde
en un silencio que no sabe qué decir o si puede hablar.

No hay razón, cuando los párpados no quieren abrir apenas una rendija.
No hay razón, cuando el alma grita ahogada, muda, en un rincón.
Quieta ante la fragilidad. No pestañees
no te muevas, no hay a dónde.

Todo es invierno, y el hielo que aún no se ha deshecho, está dentro de ti.


Sin techo


Ahora que las paredes se me retuercen
como el alma.

Que me parece sin techo esta casa, fría
a la intemperie sin tu abrazo.

Que no tengo tus ojos cerca
para mirarme, refugio y hogar.

Que en tus manos, lejos
tus manos suaves y abiertas no puedo
hacerme nido.

Me gustaría apagar mi consciencia
hibernar y al despertar
fuese mañana.

Mi camino eres tú
y sin ti no hay pasos que dar con sentido.
No hay ventanas, ni suelo
ni mañanas ni noches.
Tan sólo nada.


Diciembre


Gata huyo del agua
de mojarme frío de mojarme invierno y lluvia.
De sentir cuando no quiero
ojos que se pierden, que no saben mirar de otro modo, de otros ojos.
Nubes grises en el alma en las cimas y a ras de suelo.
No entiendes cómo ni por qué, reverso de una misma cara. Que ya se ha hecho tarde pronto noche
opaca, cubierta, manto de sí misma, de coraza contra todo
ocre hojas cayendo dentro que no se ven, que no palpas.


Trastocar y la noche


Cuando el sueño se trastoca y la mañana
despierta antes o no duerme. La noche densa
que atrapa las horas, las confunde pájaros cantando
tras la persiana. Luz a trozos a trozos noche
el día. A trozos yo, mis trozos recompuestos, espejo
empañado cuando no refleja cuando no brilla
y mis ojos pálidos, mates con tan poco yo con demasiada noche de ayer
y pensar que me dejes de querer que no quieras algún trozo, de mí
trozos y oscuro.



Mundo falso


Me protejo, del miedo
de querer más de lo que me quieren
de la entrega de ese pedazo de mí
que sigue siendo puro y niña.
Que sigue siendo sin memoria
del daño. Brillo en los ojos que te mira
como la mañana que despierta
al Sol y trina alegre el encuentro
de tus alas. Mis plumas mojadas
secas, soplas para que alce en vuelo.


Y mi amor, quemado
en llamas del abandono, renace
como nunca en tus manos, mi nido
quiero quedarme siempre.
Cierro los ojos en tu caricia, respiro
profundo, me vacío. Y me lleno
de ti, en ti bebo fuente de agua limpia, manas
la vida que mi alma imaginaba
futuro tu tacto, tu voz
los besos que me das que te doy, los mismos
verdad, entre un mundo falso.



A veces cambiados


Nuestros mundos duermen juntos
bajo los mismos párpados
despiertan a veces cambiados
sin saber de quien son los ojos que miran, de quién el mundo.
Sino nuestro.
Tú el mío, tu piel y tu olor
donde me encuentro, donde respiro la vida que me faltaba
en cada aliento sola que desesperaba oscuro y noche
y pensar de alma que no entiende que no entienden sola, mi mundo bajo los párpados.
Y tú mi calma, mi respuesta, mi pregunta cada mañana
al despertar si he despertado. Si has despertado.
Cuéntame lo que soñaste
te contaré lo que no recuerdas.



Me quedo.


El punto fijo en el que me quedo
eres tú, mirándome palabras que no existen
de tan puras, hablándonos verdades de boca cerrada
y ojos abiertos, al alma encontrando el por qué, se sentían solas, se sentía
sola. Ahora juntas, entera, una.

Y lo demás no importa, como arrancado
de mí es verte marchar, un jirón que se rompe, que desgarra y muerde
y odia al mundo mientras te alejas.

El siempre en el alma. Tú también lo sabes, no importa
lo demás, viene y va.


Anidar.


Tu anidar en mí
pájaro sin lugar, sin pausa
vuelo absorto.

Busca la ruta en el aire
traza rectas entre las curvas, caminos
donde otros ven piedras, donde otros no alzan la mirada
y no ven más allá.

Te atusaré las plumas, limpias y largas
cada mañana, antes de volar.



Una sombra.


Eres una sombra que huye del Sol.
Que no quiere esa luz que se le ofrece
que reniega y maldice y se cree más lista por más años.
Más oscura según pasan, al final negro sobre negro.

Se afila las garras contigo, la culpa
que no remedias sigue creciendo, das de comer a su boca
sin fondo, en cada mala respuesta que sólo habla por ti.

Se afila las garras contigo la sombra, te las afilas
ahí solo en ese rincón, planeas cómo volver a huir.
Cobardía que se viste, harapo negro.
Luto por la vida
que no sabes
o no quieres, vivir.

Se te ha tragado, el alma
la chispa lúcida
ya sólo, es cruel.


Asfalto y roto.


Cae la lluvia
y las gotas rompen los charcos, mi reflejo mojado en el asfalto, roto.
Demasiados días de tormenta y un barco sin tripulación que salvar de verse hundido.
El viento se llevó mi capucha, frío y el pelo calado.
Nada me detuvo.
Sólo me detengo a mi misma, cuando me faltan fuerzas para seguir el viaje.
Cuando sé que no podré sujetar el timón de esta nave vieja que conoce los siete mares
que cruje madera y clavos y navega con bandera negra.
Cuando sé que no puedo luchar contra el gigante que devora su fondo y lo socava
y el agua entra, invade y ahoga.
Es cuando paro al calor, para secarme.
Aunque siempre vuelva a llover y me vea rota en el reflejo. Aunque sepa
que el gigante acecha al fondo de mi nave. Aún sabiendo
que en cualquier tormenta se puede hundir.
Una vez seca
puedo conseguir, que no lo haga.