Me quedan las manos.


Mi cara
de ojeras marcadas de noche sin sueño
cama sola que no me espera, ni acoge
lecho de nieve, fragmento de frío desprendido
trozo vagando a la deriva sobre el que me tumbo y miro arriba
techo blanco.
Azul agua ven mis ganas con los ojos cerrados
alrededor no hay nada
sólo yo navego, aire que me mece sin vela.

Naufragio de la noche
piedras en los bolsillos acumuladas en el día que pesan fondo.
Que quiebran hielo en el pecho y lo hacen añicos de cristal.

Me quedan las manos intactas
puras de amor que son tuyas para llevarlas juntas
a donde puedan tocarse, a donde quieran llevarnos.


Aún sin luz.


Suena lluvia cayendo y silencio en esta noche profunda que despertará pronto
quizá sin haber dormido.
Escucho y evado como las gotas que no tienen que ser más que el agua
que se marcha y desemboca.
Pájaros callados se resguardan por no mojar sus plumas
por no aguantar el peso y el frío del viento después.
Madrugada de norte y mañanas de vaho que atieren la respiración, los pasos y las ganas.
Seré café que soporta el día perdida en horas sin sentido.
Juicios y prejuicios de lo que ni saben ni realmente quieren saber.
Protocolo de rutina y tedio, que nada cura pregunta mi historia y responde trámites.

Esta noche Luna rota que sangra yagas y cráteres de tiempo gira lenta aquí adentro
sabe que la lluvia de mañana es la misma que ayer no cesó.
Pies mojados en círculos que no llegan a secar y en el estómago gatos que pelean
me han despertado aún siendo noche.
Gris plomo cubre opaco el hoy de buenos días extraños que en el fondo no desean
que en el fondo son costumbre y quedar bien.

La mejor alarma sería un beso tuyo, dentro de las mantas aún sin destapar, aún sin luz
sin invierno, sólo tú y yo en este mundo dormido, que atrapa sueños en la monotonía
jaulas en el que hacer y ganar, en el tener que al final no es nada.
Vida que acaban quitándonos a lo que importa.




Como calor.


En la comisura de mis labios tengo suspiros que escapan mudos y me gritan tu nombre.
Como un secreto, como calor, entre mi pecho y yo, guardo cómo me miras.
Azul hoy reflejo de ese océano en el que nadan mis ganas por ti.
Sol frío afuera de invierno largo, que enfría las noches y por el día es viento.
Saldré abrigada, metida dentro de mí donde no alcance el aire a marchitar mis pupilas.


Purple.


Ha caído.


Ha caído la noche aquí dentro, luz suave que apenas alumbra.
Ha caído y gotas cálidas, sin hambre, llenas de primaveras que aún no han sido.
Llenas de mí, de los besos que quiero darte como si te diera mi vida
en cada uno, de pieles juntas y su tacto roce entregado libre, de tus manos y las mías
sujetas cómplices de un mismo amanecer de ojos que se miran y se mezclan al fondo.


Sea nada.


La esperanza perdida la encontré sin buscarte.
Cuando ya pensaba quedarme por los tejados, suelo mojado que no conoce a nadie, ni quiere.
Pero te vi en palabras que me hablaban y sabían cómo sin haberlo hecho.
Abriste brecha en la piedra, grieta donde quedaba sólo hielo
desierto invierno eterno que como el Sol fundes y llenas.

Ahora pienso en mudarme dentro de ti para que sea nada, lo que pueda separarnos.




Segundos comparados con una vida.


La tristeza es la distancia de no llegar a tenerte conmigo.
De que mundo feo ponga abismos de papel y piedras. Tiempo que no nos dan.
La tristeza son dudas cuando te siento dudar y pienso en perderte
cuando aún no te he tenido, y ya es perderte.
Corazón que late y vuelca tan rápido que no lo puedo parar. Y es por eso miedo
que venzan dudas en ti, que puedan más que yo.


El espacio.


Mi mundo mengua Luna aislada
agua que fluye río por el suelo gris.
Anega sueños de momentos sin tiempo ni palabras
sólo calor, sólo miradas de silencio mientras las pieles hablan.
Mientras el tacto dice todo lo que no habíamos dicho.
El espacio que separa es nada más físico.

Y todo lo que importa tiende a no serlo.


La que era.


Mis piernas son pilares
que se restauran a sí mismos, con cuidado, paso a paso y uno más
hasta casi romperse en dolor.
Hasta poder correr, cuando el tiempo me apura vida
hasta poder bailar, con la pena y derrotarla.
Hasta volver a ser, la que era.


Tela mojada.


Me duelen los gestos hoy
como gotas frías laceran la frágil piel que me envuelve y calan dentro.
Tela mojada y viento, que sin calor no seca.
Invierno que no se marcha anudado en el pecho como pájaros sin alas, atrapados dentro.

Mi alma migra, ya no está aquí, se fue anoche, no se quiso despedir
y tampoco la retuve.

Sé donde ha ido.


El resto de mí.


Tu risa es mi rendición, juega como la de un niño, libre y sincera.
Me devuelve vida y años y olvida lo que te iba a decir.
Me alegra dudas, las reduce mansas, en un rincón y el resto de mí respira futuro.
Corazón descreído que huye del agua, fondo de gata... acaricias palabras remotas y mi piel
se convence, ojos que piensan y me miran preguntan cómo.

Y yo... sólo sé responderles porqués.



Constancia.


Me vacío en letras antes de dormir
para que no quede nada, nada que echar de menos, nada que sentir.
Quedarme sólo con tu voz, recuerdo arrullo cuando lejos, no te noto.
Ausencia que torna en duda y que es miedo, al haber entregado la piel de la mirada desnuda
entrañas y palabras que prometen.
Impaciente me doblega el tiempo y cuando me miras y me calas lo que pienso.
Y ese gesto de tus ojos que dice algo que es verdad y es triste y no logro alcalzar
segundos de un lugar en ti.