la esfera rota.

Mujer con cara sobre fondo azul.

Metacrilato.

Ya cantan los pájaros
detrás de mis contras cerradas.

Un nuevo día empieza ahí fuera,
mientras el mío termina.

Ha sido uno más con sus penas
y sus pocas glorias.

He caminado por la ciudad,
sin cascos, sin música,
para enfrentarme a sus ruidos
y su hostilidad.

Sin ayuda de un ritmo en el que entrar.
Mezclándome entre la gente para ser una más.

Todos tienen frío y prisa.
Yo también ando más deprisa
desde que vivo aquí,
las distancias son más largas
y siempre salgo tarde de casa.

Nadie mira a nadie.
Van metidos dentro de su abrigo,
dentro de su cabeza,
repasando su agenda,
haciendo cuentas.

Tengo la tentación de enchufarme los cascos.
Diviso la copistería, hago mis fotocopias,
la dependienta era maja.

Plaza de San Pablo, dirección biblioteca,
me adentro en mi antiguo barrio...
Carnet nuevo, Magritte y Frida khalo.

Llego a la Plaza de la Universidad.
Aún sin música.
Recojo a Dasha, Berlín, Awi y Óscar.
Un poco de vida social y para casa.

Me veo los documentales y me entran ganas de pintar.
Acrílicos, pinceles del todo a cien,
un block de dibujo 0,75 la unidad, una mujer,
una cara, un bote, una falda amarilla
y un fondo azul.

Yo insomne, recostada en la cama,
miro la hora, 6:57 de la madrugada.

Ya no sé si dormir o ir de empalmada.
A las 9:30 sonará la alarma.

.

La Fanzine en iSSuu


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Primera vista de La Fanzine #5.¡¡ Muy pronto en la calle!!

Mediados de enero. 3

Necesito renovarme.
Volver a leer, ser capáz de estudiar,
conseguir música nueva,
y un trabajo nuevo también.

Es como si caminara mi vida
a trompicones.

A veces siento el lettargo, el hastío...
Y me olvido de vivir.
Dejo de nutrir a mi cerebro,
las palabras se escapan
y las ideas no llegan.

Mediados de enero.2

Cuando paro,
cuando miro a mi alrrededor
y echo la vista a atrás
veo las imágenes sostenidad en el tiempo,
tan quietas y nítidas y a la vez tan distantes...

El día, pronto es noche,
las noches pronto meses y los meses,
años y después más tiempo.
Que pasa igual de rápido.
Luego ya, la muerte, la nada, el no tiempo.

El se acabó tu tiempo.
Y con él se van tus recuerdos,
todo lo que amabas y odiabas.
El único tiempo que queda de tí
es tu recuerdo en la gente que quisiste.

Así que, según esto, deberíamos dedicarnos solo
a querer a los demás, ya que es el único tiempo útil.

Mediados de enero. 1

Nada puedo planear,
en este mundo de multiplicidad cambiante.

En el que todo muta constantemente.
En el qué pasará mañana,
o en el ¿pasará algo?

Quiero ver las cosas de otro modo,
despertar sabiendo que mi suerte va a cambiar.
O teniendo la fuerza para cambiarla.

Convertirla en buena y estabilizarla.
Quién sabe, quizá mañana sea ese día.

Una cama turca en el comedor.

Estoy en casa,
me lo dice el suelo de madera,
el papel pintado en las paredes,
la foto de mi abuelo de niño,
con actitud chulesca.

Me lo dicen los radiadores calientes
y el reloj de cuerda,
el tic-tac de su péndulo
con el que me quedaba dormida,
en aquella cama turca,
en ese colchón de lana
que ya tenía mi forma.

Estoy en casa,
y me hablan los recuerdos,
la colcha azul prusia de la cama de mi abuela,
el sonido de sus pasos cortos
por el pasillo, sus manos finas
y esa bata roja que le cubría hasta los pies.

Estoy en casa y siento que ella sigue aquí.
Aunque sé que no es así, que se ha ido,
sé que siempre estuvo conmigo.

Suelo mojado.

Me asomo a la ventana
y veo suelo mojado.

Ya es de noche.

En invierno el sol se rinde antes
y es la luna la que lucha
entre las nubes por brillar.

El invierno es oscuro y húmedo.

Llegas a casa con los pies encharcados
y el frío en los huesos.

En días como hoy,
en la calle sólo hay gente con paraguas,
charcos y miradas perdidas.

Sólo he salido a comprar
huevos y cocacola,
a la tienda de la vuelta de la esquina
y tabaco en el bar de abajo.


Iba a ir a dar un paseo,
pero con tanta lugubréz,
se me han quitado las ganas.

He vuelto a mi habitación,
me he puesto ropa seca
y me he pasado el resto
del día viendo películas.

Cuando ya no me quedaban más,
que no hubiera visto antes,
me he dedicado a divagar.

A pensar en el aquí y en el ahora,
en el mañana, en el dónde
y en el con quién.

El invierno nos recuerda quienes somos,
me miré en un charco
y solo ví mi reflejo y una colilla
que alguien había tirado en él.

El invierno, frío,
que hace que hasta el sol se rinda.

El invierno, mojado,
que despluma a los árboles
y los deja en ramas.

El invierno oscuro, de luz artificial.

Quizá sean esas manos cálidas,
a las que soy casi una adicta,
las que me faltan.

Esas que me despiertan entre caricias,
cuando la luz de la mañana
entra por la ventana.

Que me dicen que estás conmigo
y que hay que levantarse porque el día,
va a merecer la pena.

.

Un viejo café.

Machado me mira,
cómplice, desde una foto
enmarcada.

Mientras, apoyada
en la máquina de tabaco
veo cómo se van vaciando
las copas.

Muchos otros y otras
rodean a Machado,
pero es él quien, colgado
sobre la cafetera,
regenta el lugar
con su bastón.