Mis orejas.


Dime lo que necesitas
lo que esté en mis manos
te lo daré.
Dime qué quieres saber
de esta yo.
De mis piedras, de mi alegría
de los años.
Te lo contaré todo.
Toma este amor mío
que tan mal quisieron
porque te lo quiero dar.
Dulce, como si te diera
esa luz que sacas de mí.
Cuéntame lo que quieras
cuéntamelo todo.
Mis orejas son las tuyas
y mi corazón te quiere oír.


Hondo.


La noche hoy no va a dormir.
Insomne de vueltas que se pierden sin encuentro
que respiran hondo y aprietan los párpados.

La noche no va a dormir
se le fueron los ojos para cerrarlos, mojados
flotan en el agua.

No dormirá
cama de roca, de suelo, intemperie.
Espacio vacío.

Se hará un ovillo, gata ciega
esta noche afónica de maullidos sordos.
De ecos repetidos que no escapan los muros.
Palabras que no llegan a tocarte
que no son besos y no acarician.

No va a dormir la noche
despierta sigue, hecha un ovillo.

Sanguina #3.


Mi aire.


Siempre entrego demasiado
porque no me guardo nada para mí.
Amor es darse, es pensar en el otro
antes incluso que en ti.
No es obligación sino regalar.
Tiempo compartido que al final
es vida. Que también termina
y es muerte.
Te puedo dar la verdad que aún
no me han quitado de la boca
las lágrimas de anoche
dobladas en la sábana.
Te puedo dar los besos que ahora
sólo te miran, ojos que esperan.
La valentía que resiste
cuando la cera se derrite y caes.
Mi aire, si tú no tienes
mi luz cuando la tengo y la sombra
que me recoso si escapa.
Te puedo dar todo lo que te he pensado
cuando me mires y me veas por dentro.
Todo lo que se me olvida aunque no quiera.
Puedo darte caos, que de eso me sobra.
O calma, si la encuentro contigo.
Un orden que no hayas visto
cambiante...

Me puedo dar toda
y darte lo que tú me des.


Y sus manos.


Mi hogar se murió hace décadas.
Me dejó las ganas de llegar lejos
y sus manos.

Mi hogar se llamaba Angustias
y si las tenía las llevaba por dentro.
Nunca dejó de quererme
ni a mí ni a nadie, fue amor siempre
y manos llenas.
La gente venía a verla, a pasar la tarde
en su compañía.
La querían, no sé si tanto como yo a ella
no sé si tanto como ella a los demás.

Mi hogar se llamaba Angustias
la llamaban Guti y era mi abuela.

Me enseñó a compartir hasta lo que no se tiene.
A ponerme en el lugar del otro.
A saber cuando algo no merece la pena.
Y a no dejar que nadie me haga sentir
como no soy.
Me enseñó, sin darme cuenta.

Mi hogar, era ella
y me dibujaba flores para que las pintara.
Como las que su marido le subía del patio
cada mañana.

Me enseñó casi todo lo que ahora sé que es cierto.
Y lo más importante
lo que es el amor y lo que significa.




En un hilo.


Vivo en un hilo que recorre siempre
los mismos huecos.
Que lo más lejos circunvala.

Descoserme de esta nada.
Irme donde no tenga que ser nadie.
Donde mi vida sea mía también para lo bueno.
Este ahora está vacío y este aquí ha muerto.

Ya podemos decir todos lo bueno que fue.
Plañir luto.
Cómo fue.
Venía de atrás, nada nuevo.
Síntomas de abandono
cada día más anciano
más arcaico, más aislado y hueco.
Nunca quise volver.
Nunca para quedarme, para agonizar este aquí.

Fuera soy otra
yo.



Es afuera.


Hoy no hay dentro, todo es afuera
techo a la intemperie gris.
El único dentro es en mí.
Y tampoco es que sea muy acogedor
es más un tedio que ya conozco
una antártida helada en la que nada sucede salvo las horas.
Nubes de plomo que soplan lluvias frías desdén.
Hoy no hay dentro, hueco helado blanco sin iglú construido.
Sin base propia, vestigios y ruinas de lo que hubo un tiempo atrás
recuerdos de alguien que ya no sé si era yo.
Si hice mío lo que nunca fue.
No importa, éste es mi único refugio ahora.
Nadie sabe dónde estoy.
Nadie sabe que en el camino a casa, no encontré el camino.
Me he quedado aquí, lo demás es afuera.


Sobre la superficie.


Esta luna no será la que esperas.
Ésta hay noches que no brilla y días que no sale.
Mañanas que se acuesta sin haber dormido
sin saber quién es, olvidada de sí misma
ni para qué sirve.
A mediodía despierta tormentas y huracanes
rota, de golpes sobre la superficie
de huellas pasadas que en los cráteres
dejaron vacío.
Dueña de mares que no le pertenecen
que ni siquiera puede tocar.
Lejos gira
aunque no la veas.



Charco y humo.


Como lluvia que no se ve
que escuchas sólo cuando estalla
cuando pierde su forma
cuando ya no es gota y ya es agua.

Humedad fría que cala la ropa y la piel
que empapa tristeza de tarde vacía.
De noche muerta
que mañana no querrá despertar. No querrá.
Ni ser, dormida.
Callada mi boca y mudos los ojos
se miran las pestañas, nada
va a salir de ellos hoy suelo y gris.
Amor que agoniza claustrofobia en el pecho
que no respira. Humo y charco.
Tiempo sin medida sin estación ni parada.
Que pasa y ya.
Mañana no existe, será otro hoy.

Llega la noche.
Luz amarilla a falta de hoguera
a falta de calor
y de un sitio donde arder.




El sentido.


El sentido a estas horas ya se durmió.
Sólo quedan perros ladrando y grillos.
Una cama que no me dice ven.
Que no me quiere.
Noche sola. Alguien gritando algo
que no se entiende.
Más silencio, aburrido de sitio
de círculo cerrado
de cárcel de lo mismo.
Ponlo en repeat
bucle que libera del bucle.
Tráeme una cuerda, para atarme de lo alto
de una nube y escapar.
Dame las señas
de dónde quieres vernos.
Dime que vendrás a buscarme.
Que me encontrarás aunque sea noche.
Que sabrás distinguir las sombras, de mí.