Odio esta soledad, os lo aseguro, la odio.
La odian mis entrañas, con todas sus fuerzas.
La odia mi mirada, cuando se siente inundada.
La odia mi estómago, cada vez que hace un nudo con él.
La odian mis manos, por el temblor que les provoca.
Mi reflejo, cada vez que se ve en el espejo, también la odia.
Te odio Soledad, te lo aseguro, te odio.
Te odio, haces que sólo me sienta a mí misma.
Y es lo mismo que el vacío.
Ucrania, Europa y la seguridad mundial
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Por *Rafael Poch-de-Feliu*
*Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de
varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre...
Hace 17 horas

Que buen final!
ResponderEliminarMe gusta la gente que odia por escrito.
Un saludo