LOS FUNDAMENTOS SOCIALES DE LA RELIGIÓN.EMILE DURKHEIM.Patricia Maestro Cueto.

El autor comienza el texto buscando la característica común de todas las creencias religiosas conocidas: “presuponen una clasificación de todas las cosas, en que los hombres piensan, en dos clases o grupos opuestos”[1] lo sagrado y lo profano.
Con lo que nuestras creencias, mitos dogmas y leyendas, tan solo serán representaciones que nos permiten expresar la naturaleza de las cosas sagradas y sus relaciones con las virtudes y poderes atribuidos a esa sacralidad, como también, sus relaciones con las cosas profanas.
Qué determina la sacralidad de algo o alguien, puede tener tantas respuestas como tantas religiones existentes. Según la mitología el primer elemento sagrado, incluso antes que los propios dioses, es el sacrificio. Así por ejemplo, tenemos el caso del budismo que no venera a ningún dios, pero esa ausencia se sustituye con Las Cuatro Nobles Verdades y sus prácticas derivadas, que adquieren el grado de sacralidad que la figura de dios habría dejado vacante.
Tener noción de algunas de las características generales de las cosas sagradas, nos puede ayudar a distinguirlas de las profanas:
Normalmente se ha venido considerando, en la jerarquía de las cosas, a las sagradas, como superiores en lo que a dignidad y poder se refiere con respecto de las profanas y más concretamente superiores al hombre, en tanto que su humanidad no alberga sacralidad alguna. Debemos también tener en cuenta que no siempre lo sagrado nos subordina a su poder, sino que la sacralidad es muy variada y el hombre puede encontrar una situación cómoda.
¿Necesita el hombre a sus dioses? Tanto como los dioses al hombre y sus sacrificios.
La sacralidad de lo que consideramos sagrado, no es caracterizable, lo único que tiene lo sagrado en común con él mismo, es la heterogeneidad absoluta entre lo que percibimos como sagrado. Mientras que lo bueno y lo malo, como la salud y la enfermedad y la vida y la muerte, son “aspectos diferentes del mismo orden de hechos, lo sagrado y lo profano han sido concebidos siempre y en todas partes por la mente humana como dos clases distintas, como dos mundos que no tienen nada en común”.[2]
A lo largo de la historia se ha intentado separar en dos clases de cosas diferentes, situando a lo sagrado en el mundo ideal y trascendente y a lo profano en el material. Y parece necesario tener que metamorfosear el propio ser en un rito de iniciación en una religión, para poder entrar en este estado de sacralidad trascendental. Abandonando, el ser, el estado profano, al que consideran como enemigo hostil.
Vemos cómo el ascetismo místico, por ejemplo, arranca al hombre de los apegos que pueda tener del mundo profano. Ayudando al hombre al suicidio, ya que “la única forma de escapar por completo de la vida profana consiste, después de todo, en renunciar a toda vida”.[3]
Nuestra concepción mental de lo sagrado y lo profano no es más que una disociación, en la que sus contrarios no deben tocarse si desean conservar su naturaleza, mientras que al mismo tiempo han de tenerse delimitadas nítida, para hallar su propio sentido y el mutuo.
Los objetos sagrados requieren del hombre ciertos comportamientos reglados a los que llamamos ritos. Así, “ una religión es un sistema unificado de creencias y prácticas relativas a la las cosas sagradas, es decir, a las cosas separadas y prohibidas, creencias y prácticas que unen


[1] The Elementary Forms of the Religious Life. Los fundamentos sociales de la religión. Emile Durkheim. 1912. Pág. 37.
[2] Op. cit. pág. 39.
[3] Op. cit. pág. 40.
en una sola comunidad moral llamada iglesia a todos aquellos que se adhieren a ellas”.[1]
¿El sentimiento unánime de los creyentes de todos los tiempos puedes ser puramente ilusorio?
La existencia de esta “experiencia religiosa” es un hecho extraño ya que, esta se define con la idea que los creyentes tengan de la religión. Hemos de someter estas ideas o impresiones a examen, para descubrir por qué la impresión del mundo, como idea sensorial, ha cambiado a una científica y conceptual. Esto se ve representado en la mitología de modos diferentes, pero hemos de darnos cuenta, de que es la sociedad quien causa estas sensaciones “sui generis” que componen la experiencia religiosa.
“Lo que hace a un hombre es la totalidad de la propiedad intelectual que constituye la civilización, y la civilización es obra de la sociedad. La sociedad no puede hacer sentir su influencia a menos que actúe, y no puede actuar a menos que los individuos que la componen se reúnan y actúen en común. Es por la acción común que la sociedad toma conciencia de sí misma y advierte su posición; es ante todo una cooperación activa. Las ideas y los sentimientos colectivos son posibles debido a estos movimientos exteriores que los simbolizan. Es la acción la que domina la vida religiosa, por el mero hecho de que su fuente es la sociedad”[2]
Nos apunta Durkheim, que las categorías fundamentales del pensamiento, así como de la ciencia, provienen de la religión.“ Si la religión ha originado todo lo esencial de la sociedad, es porque la idea de sociedad es el alma de la religión. En consecuencia, las fuerzas religiosas son fuerzas humanas, fuerzas morales”[3].
Parece, para el autor, que el hombre como la sociedad, solo puede darse si aquel se mezcla con la vida del mundo material. Le parece a Durkheim que los sentimientos colectivos se vuelven casi físicos cuando empezamos a mezclarlos con la vida del mundo material. Pero esto nos acaba pareciendo algo superficial, y no nos acaba de convencer.
Entonces, dice el autor que los elementos esenciales de estos sentimientos colectivos son tomados del entendimiento. Así cuando un curandero nos aplica un emplaste, por ejemplo, no nos percatamos de las operaciones mentales que está llevando a cabo. Toda religión es en alguno de sus aspectos espiritual, teniendo como objetivo principal la acción sobre la vida moral.
A quién no le gustaría vivir en una sociedad perfectamente buena donde reinasen la justicia y la verdad de manera perpetua. Pues eso es lo que todas las religiones persiguen, como un hombre persigue un sueño que alivia su sufrimiento real. Un sueño al que aspiramos, y al que aspiramos desde nuestro yo más profundo. Fuera de nosotros, estos sueños, no tienen realidad y no pueden ser explicados.
Pero lo que importa es que la sociedad ideal no puede explicar la religión, sino que la presupone. Y presupone también que tenga que haber algo en representación del mal, de hecho podemos ver, como los mismos dioses representan cosas como la guerra, la enfermedad, la muerte. En el cristianismo vemos cómo el mal también se ha hecho hueco en la figura de Satán, al que consideramos impuro y a la vez sagrado por su potencialidad.
Así la religión compila y refleja todos los aspectos de la sociedad real y en su misma proporción de tal manera que se sostiene y desarrolla.


[1] Op. cit. pág. 41.
[2] Op. cit. pág. 42.
[3] Op. cit. pág. 42.
Se dice de los hombres, a diferencia de los animales, que pueden por medio de la facultad para idealizar, de sustituir el mundo real por el del pensamiento. Como decíamos antes, los animales, a diferencia de los hombres, sólo pueden conocer el mundo que perciben gracias a la experiencia interna y externa. “Sólo los hombres tienen la facultad de concebir lo ideal, de añadir algo a lo real. Pero ¿de dónde proviene este privilegio singular?”[1]
Curiosamente, muestra definición de lo sagrado y lo ideal consiste en lo mismo: algo que se añade a lo real y que está por encima de ello. Así vemos, que si la vida colectiva despierta el pensamiento religioso, es debido a que éste transforma las condiciones de la actividad psíquica del hombre. Y éste al verse transformado, muta lo que le rodea.
Coloca, por encima del mundo real, en el que transcurre su vida profana, otro que solo existe en su pensamiento y al que atribuye más dignidad que el real. Es decir, que la formación del mundo ideal es un producto de la vida social. “Para que una sociedad cobre conciencia de sí misma y mantenga al grado necesario de intensidad los sentimientos que así alcanza, debe reunirse y concentrarse ella misma. Una sociedad no puede crearse sin crear al mismo tiempo un ideal”.[2]De este modo, la sociedad se va haciendo y rehaciendo.
Nos advierte Durkheim del peligro de dicotomizar la sociedad ideal y la real, ya que es la misma. “Porque una sociedad no se compone sólo de la masa de individuos que la integran, es sobre todo, la idea que se forma de sí misma”.[3]
Pero estas ideas autogeneradas por la propia sociedad, son también autogeneradas por el individuo y reinterpretadas por el individuo y reinterpretadas por cada uno de ellos. La religión, como una idea social autogenerada, requiere de una síntesis, sui generis, de las conciencias de estos individuos para que la conciencia colectiva se dé. Pero la creación de esta síntesis dicotomiza el mundo de los sentimientos, ideas e imágenes, que cuando se crea, desarrolla y obedece a sus propias leyes. Lo que le ofrece una independencia tal que se permite a sí misma manifestar autoafirmaciones. Como son por lo visto, también la actividad ritual y el pensamiento mitológico.


[1] Op. cit. pág. 45.
[2] Op. cit. pág. 45.
[3] Op. cit. pág. 46.

La Fanzine

Ética ambiental: Cómo empezó todo.



Rousseau:El precursor.


¿CÓMO SE DESARROLLA UN GENIO?
Rousseau, nace en Ginebra en 1712 y muere en Francia en 1778. Debido a que perdió a su madre cuando aún era muy joven, no tuvo una vida amorosa muy afortunada. Nuestro autor, fue un estudiante autodidacta, que vagabundeaba pensativo en su soledad, y que fue abandonado y traicionado por sus propios amigos, llegando incluso a la marginación y la manía persecutoria. Algo que él mismo ve como “huir de los hombres para no tener que odiarlos”. Es curioso saber que durante que estaba vivo se le consideraba el “cirujano incompasivo de los mitos de su tiempo” y cómo a su muerte, en la Revolución Francesa sus palabras se gritaban defendiendo la Libertad.
Solemos conocer a Rousseau por obras como el “Emilio” y “Del contrato social”. Pero la genialidad de nuestro autor, no se reduce a estas obras, sino que en sus comienzos Jean-Jacques Rousseau, escribió textos muy interesantes, frescos y lo más importante: autónomos. Sus ideas, aunque estemos hablando de sus primeros escritos, tienen una autonomía de gran alcance que no siempre ha sido entendida en toda su magnitud.
La Ilustración, el Siglo de las Luces, la autoconciencia de la modernidad occidental, el siglo XVIII, en el que vive e investiga, y más concretamente la Ilustración francesa, tiene su origen en los años 1695-97 y podemos notar su influencia hasta la Revolución de 1789. Rousseau es un hijo de su tiempo, un tiempo que Kant acotó con un lema: “sapere aude” (atrévete a saber) y entendió en ella el momento de paso, de la infancia a la mayaría de edad, para el hombre Occidental.
Y con ello un antropocentrismo afianzado que vemos representado en una frase de Diderot: “El hombre es el término único del cual hay que partir y al cual hay que llevar todo”. Este antropocentrismo, tratará de organizar racionalmente los diferentes aspectos de la vida humana. Rousseau buscará una organización social que potencie la naturaleza humana y la respete, si la organización política vigente no es la mejor, habrá que investigar cuál corresponde al modo de ser del hombre. Y para ello habrá que buscar una educación que cure al individuo de los males de la civilización.
Hablamos de un genio, de su razón sublime y laboriosa, de su gran sensibilidad. Hablamos de alguien que vio en la naturaleza algo maravilloso, algo bello, algo que inspira a los hombres, que les aporta sensaciones que en la civilización se pierden. Hablamos de un hombre que notó cómo la naturaleza nos crió, hablamos de un hombre que vio en la madre naturaleza esa madre que tanto extrañó. Ese sosiego que sólo es comparable al regazo de una madre. Y a la vez, esa fuerza que sólo a ellas caracteriza.
SU ACTIVIDAD BOTÁNICA: PRELUDIO DE UNA ÉTICA AMBIENTAL

Rousseau dedicó a la botánica, su verdadero placer, desde 1764 (en una aldea suiza refugiándose de la orden de arresto dictada por el Parlamento de París) hasta su muerte. Ella, hacía que los hombres, seres odiosos, se desvanecieran en su intensa exuberancia. Se adentraba en el bosque queriendo olvidar la civilización cruel, queriendo ser feliz, anhelando que los demás, que no le dejaban serlo, se olvidasen por fin de su existencia.
Ya que sus perseguidores no dejaban de molestarle, él tenía que huir de bosque en bosque y de peña en peña. Pero no le importaba él ansiaba conocer plantas y agregarlas a sus herbarios. Plantas de Suiza, Francia, Inglaterra. Buscaba ampliarse. Buscaba plantas y a sí mismo en este mundo.
A este filósofo, la naturaleza siempre le había fascinado, pero su concentración no quería ser tal y se expandía, persiguiendo que su entendimiento abarcara todo. Fue solo cuando comenzó a fijarse, a lo largo de todas sus salidas al bosque, en cada detalle, que fue consciente del porqué de la armonía y equilibrio de los tres reinos.
Este extasío por la naturaleza. ¿Cómo es posible que otros no sean capaces de apreciarlo? Nuestro autor llega a la conclusión de que solo hay tres posibles causas para esta ceguera:
*1. La falta de sensibilidad natural.
*2. Ocupación del Espíritu en otras ideas.
*3. Búsqueda de plantas para utilizarlas como remedios.
Digamos que no le interesa la posible utilidad material para el hombre de la naturaleza. Lo que le interesa es saber cómo ese mundo que vemos como inmutable, esa naturaleza perenne, se ha desarrollado a lo largo de toda su historia y la importancia de los climas en la creación, o evolución de nuevas especies y la sostenibilidad de esos climas con respecto a todas las especies que dependen de estos.
Admira a Buffon, lee a Linneo y busca entre los antiguos respuestas a preguntas de hoy y de siempre. Es testigo de cómo Linneo intenta que consideren la posibilidad de hacer historia natural de la botánica, que venía siendo de uso farmacológico.
Rousseau ve en la naturaleza tres reinos, estos son:
*Mineral: es el más alejado del hombre en Estado Natural ya que para acceder a él es necesaria la industria y el trabajo. Actividades, para Rousseau degenerativas.
*Animal: su estudio bien ejecutado, que sería en su hábitat natural, es decir, en libertad, en su estado natural, no podría llevarse a cabo por su gran dificultad. Y estudiar a los animales en cautiverio, le llega a parecer inmoral por el hecho de privarles de esa libertad. Para Rousseau, los animales son seres sensibles. Y todo lo que tenga sensibilidad es in-maltratable. “Instinto de compasión”
*Vegetal: el más bello debido a su método de estudio no agresivo. Su objetivo, consistía en:
*1. Estudiar el funcionamiento de su “maquinaria”.
*2. Hallar sus leyes generales.
*3. Encontrar el propósito de tales estructuras.
Y es que, es amor, lo que siente Rousseau por la naturaleza vegetal. Ese respeto, esa admiración que provoca en él una humildad, la humildad que muy pocos habían tenido a cuenta tener. La de agacharse, (para Rousseau la de elevarse) ponerse al nivel de la planta, acercarse a ella y detenerse a observar cada rasgo, cada detalle, cada matiz que la hace única, que la hace bella.
Y se acerca, y lo hace en su estado natural, en su hogar, donde ha nacido y crecido, donde sigue creciendo. Y lo hace así, no arrancándola de su alrededor que la otorga sentido. Porque quiere conocerla en su verdadera naturaleza, en su inocencia primera, en su pureza natural (casi virginal) sin haber sido corrompida por la sucia mano humana.
Disfruta contemplándolas, comparándolas, clasificándolas. Disfruta de su compañía, de su quietud silenciosa (como lo hacía Neruda). Ajeno al bullicio de la urbe, ajeno al antropocentrismo desmesurado de sus contemporáneos y sus estúpidos jardines sistematizados.
Sus pensamientos acerca de la naturaleza, suponen en sí mismos el comienzo de una ética medioambiental. Un grito a la humanidad cada día más deshumanizada, cada día más industrial, más civilizada, más urbanita, cada día más alejada de sus orígenes, de lo que de verdad es, más inmersa en su propia humanidad como Narciso en su reflejo.
En 1770, Rousseau regresa a París después de seis años confeccionando sus herbarios y ampliando sus conocimientos sobre botánica. Pero no solo eso sino que había estado preparando el lanzamiento al mundo de dos obras de divulgación:

*“Fragmentos para un Diccionario de términos de uso en Botánica”

* “Cartas sobre la Botánica”(ocho en total escritas entre agosto de 1771 y abril de 1773, que se editaron como unidad y habiendo muerto ya el autor, en 1781). Al parecer las dificultades que se habia encontrado para estudiar las plantas, habia suscitado en el autor algunas ideas para que otros también pudieran estudiarla. Y en estas cartas dirigidas a Madame Delessert se puede apreciar la disposición de Rousseau a la enseñanza. Viendo madame Delessert esta disposición, aprovecha y le pide al autor que le ayude a enseñar a su hija de cuatro años a observar la naturaleza y disfrutar de su observación y estudio. A lo que el botánico accede gustoso.
Así vemos que en las cartas el autor trata de enseñar a Madame Delessert para que ella como madre enseñe a su hija, según ella vaya viendo que es capaz de comprender lo que se le explica:
“No le explicaréis gradualmente sino aquello que pueda convenir a su edad y sexo, guiándola para encontrar las cosas por sí misma más que enseñándoselas”[1]
La aspiración de Rousseau no consiste en enseñar a una niña de cuatro años la ciencia de la botánica. Su aspiración es menos ambiciosa y más sensata: consiste en prepararla para su estudio mediante la observación alegre de la naturaleza en compañía de su madre, en crear una asociación perfecta entre el cariño maternal y la belleza natural que favorezca la disposición futura de los sentidos y determine el gusto por las plantas. Por otra parte, el aprendizaje debe ser tal que la niña se implique intelectualmente en la tarea.[2]
En “Fragmentos para un diccionario de términos de uso en botánica”, hace una pequeña “introducción” donde describe la historia de la botánica y dedica unas líneas al problema de la nomenglatura:
“Se trata de ver […] si los conocimientos acumulados por todos los sabios que dedicaron su dinero, su vida y sus desvelos a viajes inmensos, costosos, extenuantes y peligrosos deben ser inútiles para sus sucesores, y si cada uno de nosotros, partiendo de cero, podrá adquirir los mismos conocimientos de los que el género humano se ha hecho merecedor tras una larga cadena de investigaciones y estudios.[3]

[1] Lettres sur la Botanique, OC IV, p. 1155.
[2] El valor pedagógico de las cartas sobre la botánica de Jean-Jacques Rousseau. Fernando Calderón y Alfredo Marcos.
[3] Rousseau, OC IV, p.1209.
En su obra, este adelantado a su tiempo, no sólo nos deja una moralidad medioambiental eco-sostenible, sino que además entre sus líneas encontramos una guía, un manual para aprender a amar esta naturaleza de la que somos parte, para darnos cuenta de que no somos todo ni mucho menos, de que la especie humana, es sólo una especie más, entre multitud de especies de plantas y otros tantos animales. Es una voz que se eleva entre las demás y nos dice que hemos de cuidar a nuestra madre, que hemos de amarla y estudiarla para aprender de ella, al fin y al cabo ella estaba aquí mucho antes que nosotros. Es más, Ella es el aquí y el ahora, el ayer y el mañana. Y sólo su propia garantía de supervivencia es la nuestra.

Patricia Maestro Cueto
2º Filosofía
Filosofía de la biología
Septiembre 2009

Colaboración en "LA FANZINE": http://lafanzine.blogspot.com/

La SoCieDaD. Patricia Maestro.



La sociedad.
La sociedad vista.
La sociedad oculta.
La que nos enseñan,
la que no nos dejan ver.
La sociedad materialista.
La de príncipes y dentistas.
¿La del artista?
La de trapecista,
¿o la del hambriento?
Y el sufrimiento…
Y esos latidos que oímos tan dentro.
La sociedad corrupta.
La sociedad abrupta.
La sociedad, puta.
La sociedad que se huele,
la que se chupa.
La sociedad parada.
La que no se activa,
o la que se activa
a base de cocaína.
La sociedad disociada.
La sociedad asocial.
La sociedad con sucios socios,
la sociedad del mal.
La de los trabajos embarazosos
Casi digamos forzosos.
La sociedad de la agonía,
la de la telefonía.
La sociedad del todo vale.
Y la del todo vale caro.
Y en el fondo nada está claro.
La sociedad del aquí te pillo
aquí te mato;
la de te mato si eres diferente.
La sociedad con gente.
La turgente, ascendente, hipócrita y prepotente.
La sociedad que encarcela con sus celos.
La que sueña con un hueco.
La que no tiene un techo para dormir.
La sociedad democrática.
La sociedad que se palpa.
La que empapa sus lágrimas
En alcohol y tabaco.

La sociedad universitaria,
la que elitizará aún más bolonia.
¿la sociedad del mañana?
Sin tiempo ni ganas.
La sociedad esta noche
la del derroche.
La sociedad en un día
sin armonía.
La sociedad torcida
la de sin ninguna compañía.
La sociedad consumida
con ayuda del rey Midas.
LA QUE TIENE QUE CAMBIAR.





Bio Pat: Patricia Maestro Cueto nace en el 88, en Bembibre, donde estudiará hasta 1º de bachillerato de humanidades, después estudia dos años de bachillerato artístico en Ponferrada. Entre tanto, va creciendo. Terminado el artístico y selectividad, se traslada a valladolid donde actualmente trata de mantener la cordura mientras estudia filosofía y vive.

La Fanzine frikada

FuGaR con JueGo




Cómo pudo ser, cómo pude creer que era cierto.
Que, pese a todo, era real.
Una vez más, y otras vendrán.
Cómo serán, caeré, volveré a tropezar.

Quizá no vuelva a llorar, me duele.
Tal vez no deba amar, me quema.

No sé jugar, a esto del solo sexo.
Tampoco, si escribirlo en mi texto.
Bueno, ya está hecho, le echaré pecho!

la princesa tigridia

Son días recordando aventuras y desventuras junto a aquellos que las vivieron a mi lado.
son mañanas, tardes y noches conociendo a quienes a partir de ahora las viviran.
son tiempos de nostalgia, tiempos de apetura y a la vez de redescubrimiento.
son otros tiempos, no son los que eran...
son tiempos, otros tiempos sin tiempo, o con demasiado.
y en ese tiempo yo que hago?
a la Esperanza me agarro.
creo en Ella, que me parta un rayo!!
otros, nuevos y ojalá más llenos...
tiempos llenos de vida!
tiempos de infancia perdida,
de intenciones puras
y amor sin medida...
mientras,
siguen guerras tardías.
y la naturaleza ya,
podrida...