Días malos.


Hay días que se hacen eternos.
Mañanas de sol que se vuelven lluvia
llanto.

Días para no vivir.
No sentir. No ser.

Días malos y mala gente
que calan y duelen
como largos inviernos.


Ropa Mojada.


La lluvia de enero aún no se ha ido.
La calle es un charco continuo
un paso mojado tras otro.

Ya no queda tierra seca.
Las gotas golpean los tejados
y una tristeza gris y ahogada
va calándolo todo.

Meses de cielo blanco.
Sin sol, sin luz.
Acumulándose, plomizos
en la mirada.




Yo entera.


A veces mi miedo
puede más que yo.

La inseguridad.
La soledad que vivo.
Y el abandono.

El darlo todo
mi vida, yo entera.

Soy tuya.

Y me faltas al lado.
Sin tí, me cuesta la vida.

Ya eres tú
casi toda ella.


Días como noches.



En esta casa menguada de sol
ausencia de ti
me cuesta ver la luz.

En esta cama provisional
tan grande para mi
a penas descanso.

En esta eternidad invernal
no hay calor.
Sólo viento frío y lluvia.

Sólo días como noches.

Desde que te vas
hasta que vuelves.
Soledad, que vive del ayer
y del mañana contigo.


Cartas de invierno.


Los días de lluvia
las cartas llegan tarde.

Mojadas de tedio
de invierno.



Las ventanas obsoletas.


Piso baldosas sueltas
ruidosas o mojadas.
Nunca nadie arregla
esas baldosas
en la calle.
Y nunca nadie arregla
las que hacen ruido en mi habitación.

Las grietas siguen creciendo.
La humedad se filtra.
Y las ventanas van quedando obsoletas.

¿Qué podemos hacer
contra el invierno?
La humedad, las grietas
las baldosas sueltas...


Los lápices gastados.


I Mercado Navideño Villa de Bembibre.
Plaza Santa Bárbara. Del 21 al 24 de diciembre.


El puto frío.


Hoy al despertar seguía siendo invierno.
Seguía siendo norte y lluvia.
Seguía siendo triste, lejos.
Sola.
La cocina, la cafetera.
El puto frío.
Ninguna gana
de salir afuera.
Llegar a casa con la cara mojada
los huesos húmedos
y las entrañas vacías.


Heladas de madrugada.


Las horas sin verte.
Los días
como noches negras
cerradas, sin luz.

El mismo gris mañana.
El mismo frío entre las vértebras
que inunda y rompe
como heladas de madrugada.


Nostalgias y un mañana.


Las mismas horas solas
me esperan
una y otra vez.

Las mismas, vacías.
Al llegar a casa
al dormir...

Al despertar soy escarcha
helada, frágil.
El vaho triste
que gotean los cristales.
La luz gris
de una mañana de invierno.

Una silla ocupada en la cocina
en silencio, con la mirada fija.
Un café
ausente
entre nostalgias y un mañana.


Un tres de noviembre.



Huele a naranja el tren.
A otoño ocre, tras la ventanilla.
Dentro la gente charla, lee y duerme.

Ya ha pasado el medio día
y el sol entra en el vagón, tímido
desde la esquina izquierza.

Apenas queda una hora
para llegar a casa.
Me lo dicen los árboles, mi tierra
y las casas de piedra.
El cielo azul y la helada
que caerá esta noche.

A mi lado está él.
Soportando
el peso de mi pierna ahora mismo.
Y mi mal genio cada mañana.